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Mi primer pitching

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Los hostales son todo ventajas: son baratos, conoces gente de todo el mundo, practicas tu inglés oxidado y te regalan el desayuno, ¿Qué más se puede pedir por 9,95€/día?

Precisamente el otro día tuve una conversación muy curiosa cuando desayunaba en un hostal de Salamanca.  El desayuno lo servían de 9:15 a 10:15 en una sala muy pequeña con muebles enormes y dos mesas donde apenas cabían diez personas. El Alda Hostel de Salamanca tiene una capacidad de cuarenta personas y ese día, no sé cómo, todos coincidimos y desayunamos a la vez. La sala se iba haciendo más pequeña a medida que los huéspedes hambrientos iban entrando y acomodándose cual zombis. Varios miraban sus móviles pero el WIFI del hostal no funcionaba, todos intentaban acceder una y otra vez pero no había manera, fallaba Internet.

 

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Conocí a varios estudiantes Erasmus, que al parecer venían atraídos por la vertiginosa vida estudiantil Salmantina. Hubo una especie de ronda de preguntas en sentido de las agujas del reloj. Estefanía, una chica italiana de un pueblo cercano a Venecia, fue la encargada de dinamizar la charla. Las preguntas continuaron hasta que se acercaron a mi tostada con mermelada de fresa, a mi café, que lo habían calentado para siempre, y a mi cara de dormido. Era mi turno.

  • ¿Y tú qué estudias?
  • “Eeh… Vengo desde Málaga, a estudiar un máster de guión de ficción para cine y televisión”.

… y se hizo el silencio…

Pasaron un par de segundos hasta que alguien se aventuró:

  •  “Guionista… ¡Uh! Qué bien se lo tienen que pasar los guionistas, eres afortunado”

Dijo sonriente la italiana, a lo que asintió un francés mientas mordía su tostada. Yo en ese momento también sonreía, pero de manera inconsciente, pues no sabía lo que se avecinaba esa misma tarde. Iba a sufrir mi primer pitching, es decir, tendría que demostrar mi habilidad como guionista, para vender mi idea ante un productor. Hoy en día, al parecer, los guionistas además de escribir deben saber venderse, y sobre todo vender su idea de una manera clara, rápida y directa.

Llegaba tarde a clase, como siempre, así que recogí las cosas de la mesa y me despedí.

  • “¡Hasta luego!”
  • ¡Ciao, au revoir!.

Para asistir a las clases del máster, subo dos días a la semana desde Málaga, son aproximadamente 700 km y sé lo que estáis pensando, es una locura. Pienso lo mismo, pero al parecer este máster merece la pena, o eso espero.

Durante uno de los primeros días de clase, el encargado de impartir la masterclass correspondiente, nos quiso mostrar en qué consistía aquello del pitching. El realizador, guionista y productor Luis María había pasado por varios de ellos en su larga carrera como profesional del audiovisual. Aquí os dejo uno de los cortos de Luis María que ha sido ampliamente premiado en festivales, Hemisferio, a mi me encantó.

 

 

Las ventajas de un máster son, por ejemplo, que conoces a diversos profesionales y que cada uno te cuenta su forma de trabajar, lo que no quiere decir que sea la única válida y menos aún en el ámbito del guión, ya que hay diversos caminos para llegar a un mismo desenlace. Ahora bien, hay que tener claros unos principios. Luis María nos comentó la razón que le llevó a hacerse guionista, que consistía, nada menos que en hacer de su trabajo algo trascendente, no perecedero, perdurable en el tiempo. Es su manera de pasar por la vida y donar algo a la sociedad, al mundo. Además nos dijo que el guión de una historia podría cambiar la sociedad y convertirla en un lugar mejor, más justo. Me parece una razón bastante digna y una manera perfecta de ganarse la vida, comulgo totalmente con esa idea.

Por mi parte, creo que además el guionista debe estar comprometido con la realidad que le rodea y si se encuentra con alguna injusticia, que se las encontrará, debería atacarla con su escritura y luego conseguir plasmarla en la pantalla. Lo que hará que ese relato sea eterno será el nivel de transmisión al público de su idea. Este público posiblemente reconocerá finalmente al director como autor único de la historia. No pasa nada, los guionistas al parecer son gente muy generosa.

  • ¿Algún voluntario para el pitching? –Dijo el docente.
  • ¡Yo! – Respondí de manera ingenua pero decidida.

Me sudaban las manos pero lo disimulé apoyándolas en mi rodilla, empezaba el pitching. Tras presentar mi idea para un guión de largometraje, el docente me dijo, sintiéndolo mucho, que no tenía historia, que la idea podría estar bien, pero que me faltaba el QUÉ de la narración. En ese momento, se me vino a la cabeza aquella escena de Adaptation: el ladrón de Orquídeas (2002) Spike Jonze en la que el personaje que interpretaba Nicolas Cage, un guionista bloqueado, le preguntaba a un gurú del guión hollywoodense, Robert Mckee, si se podía escribir una historia sin grandes desarrollos de personajes, sin arcos de transformación, donde la gente estuviese frustrada y no cambiase, ni aprendiesen grandes lecciones de la vida… vamos, como en la vida real.

Resumiendo, en un pitching se enfrentan un guionista con un tío con pasta (el director de una cadena, un productor o un técnico de cultura que puede darte una subvención). En escasos dos minutos el guionista deberá lanzar ideas, cual pitcher o lanzador en un partido de béisbol, con el fin de captar su atención. No es que tenga que sugerir que le vaya a hacer ganar dinero con su idea, sino esa idea es caballo ganador. ¡El pelotazo!

 

el pelotazo
 

Para acabar la clase Luis María nos puso un vídeo que os dejo aquí abajo para cerrar el post. El vídeo nos da algunas píldoras para motivarnos, para decirnos que cualquiera de nosotros puede hacer, con su trabajo,  algo que trascienda, no perecedero y eterno. Por mi parte, aporto mi granito de escritura de con ésta, mi segunda entrada al blog, y espero que la red de Internet no se caiga nunca y así este post permanezca siempre virtual y eterno.

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